Sentada a los pies de tu cama,
un ovillo de pudor,
y en tus manos temblorosas
un rosario para tu Señor.
Cincuenta avemarías.
Cada cuenta es una flor,
perfumada de tristezas
se la ofreces a tu Pastor.
En la soledad de tu cuarto,
palomas dibujan tus labios.
Vas desgranando tu alma
conversas con Dios.
Serenas las blancas cuentas
como el rocío en la flor,
resbalando entre tus dedos
son plegarias fragantes de amor.
Carmen del Valle Picardo
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